La reciente reestructuración del ministerio de Capital Humano bajo la gestión de Javier Milei ha generado cambios significativos en el mercado laboral argentino. Este mega ministerio ahora incluye a las secretarías de Desarrollo Social, Trabajo y Educación, lo que ha conllevado a recortes de personal y la pérdida de influencia de estas áreas.
Las medidas implementadas han encontrado resistencia. En el sector de Desarrollo Social, se eliminó la intermediación de piqueteros en los planes sociales. En Educación, se ha rechazado la ley de financiamiento universitario y se han limitado las paritarias docentes. En Trabajo, se sancionó una ley de Modernización Laboral, que ha sido objeto de controversias y enfrenta la revisión de la Corte Suprema.
A pesar de las reformas, las estadísticas indican un deterioro en el empleo. En julio, se registraron 12.716 empleos menos, acumulando casi 266.000 puestos perdidos desde el inicio de la gestión. La caída del empleo privado en blanco se ha extendido por 14 meses consecutivos.
El secretario de Trabajo, Julio Cordero, ha intentado minimizar estas cifras, argumentando que las empresas que están cerrando suelen tener pocos empleados mientras que las que abren son más grandes. Este argumento ha sido cuestionado por la oposición.
Aunque el Gobierno sostiene que ha habido un aumento en el empleo total, este incremento se atribuye mayormente al trabajo independiente y al régimen de monotributo, el cual ha crecido en un 22% en los últimos cinco años, según un estudio reciente.
La informalidad laboral ha alcanzado un alarmante 45%, con picos de hasta 87% en algunas regiones. Este aumento se ha dado en un contexto donde la Secretaría de Trabajo ha reducido su personal en un 70% desde el inicio de la gestión, lo que cuestiona la capacidad de fiscalización laboral.
En este nuevo escenario, la renuncia de Claudia Testa, subdirectora de Cordero, ha generado inquietud en el ámbito laboral. Su reemplazo, Mariano Sartoris, junto a otros cambios en la dirección de sindicatos, han suscitado dudas sobre la dirección de las políticas laborales.
Los sindicatos, por su parte, se encuentran en un estado de pasividad ante la fragmentación del organismo responsable, manteniendo beneficios a pesar de las amenazas de eliminación de cuotas solidarias.
Fuente: La Nación



