
Hay fiesta en el Gigante del barrio Alberdi. Una marea celeste canta y baila, grita y se emociona. Belgrano derrotó por 2 a 0 a Unión y se clasificó para las semifinales del torneo Apertura. Un pase histórico: los Piratas nunca antes estuvieron entre los cuatro mejores en un campeonato que se define con el sistema de playoffs. La mejor campaña, sin embargo, resultó el subcampeonato de 2012, también bajo la conducción de Ricardo Ruso Zielinski.
Protagonistas de dos impactos en los octavos de final, tres días más tarde Belgrano y Unión tuvieron que revalidar sus candidaturas. Abstraerse de la euforia para alimentar la ilusión en el nuevo episodio, la consigna. Los Piratas recuperaban el apoyo de sus hinchas, después de eliminar a Talleres en el estadio Mario Kempes en calidad de visitantes, aunque el respaldo de la multitud es un arma de doble filo: la histeria y el inconformiso convive con la desmesura y el apasionamiento. Lidiar con esos estados de ánimo es una pulseada que libran los futbolistas y entrenadores que en un parpadeo pasan de ser idolatrados a reprobados.
Con algunos jugadores que se tiñeron el pelo de celeste –Rigoni y Zalarrayán– en homenaje al Potro Rodrigo Bueno, cantante fanático de Belgrano que se mató en un accidente en 2000, y otros de platinado, como López y Morales, el Gigante del barrio Alberdi fue una caldera. El empuje de los de afuera tenía respuestas en el campo de juego, donde el desarrollo lo manejaron los Piratas. Lentamente, el arquero Mansilla se convirtió en una figura destacada y con sus atajadas sostenía el sueño de Unión. Rechazó remates de Sporle y en dos oportunidades de González Metilli; también estuvo alerta para imponerse en un mano a mano ante Uvita Fernández, que reemplazó al suspendido Lucas Passerini.
La figura de Zielisnki es un emblema en Belgrano. El histórico ascenso, tras vencer en la Promoción a River, clasificar al equipo a la Copa Sudamericana en tres oportunidades, el subcampeonato del torneo Inicial 2012 y en su regreso, después de ocho años y medio, la estrella sigue: la victoria sobre Talleres será eterna, porque se trató del primer mata-mata en torneos de la AFA.
Siempre etiquetado como un director técnico combativo, de guerrilla, en este 2026 juntó a futbolistas identificados con el club y de recorrido: el Chino Zelarrayán es capitán y guía; Rigoni y el Mudo Vázquez, retornos que tocan las fibras de los hinchas; Passerini, que se sumó en 2023, renueva el idilio cada temporada… Con esas banderas, Belgrano va y construye con entusiasmo una fantasía: si en 1986 se convirtió en el primer club de la provincia en ganar un torneo de la AFA –el Regional, de modo invicto-, ahora avanza para alzarse con el torneo Apertura.
Unión dio el golpe al eliminar a Independiente Rivadavia, el mejor clasificado de la etapa regular, el que más puntos sumó. Logró el boleto para los playoffs con un flojo cierre: cuatro partidos sin victorias y la activación fue efímera, porque en Córdoba siempre estuvo un paso atrás en el juego. Y además los soldados se caían: Estigarribia, con un corte en la cabeza, tras chocar con Morales; Profini sintió una molestia y tuvo que dejar la cancha en el segundo tiempo.
El resumen de la victoria y clasificación de Belgrano
La idea de repetir la campaña del torneo Nacional 1979, cuando perdió la final con River, quedará archivada en Santa Fe. La entrega y el sacrificio no se negoció, pero faltaron ideas, jugadores que pausaran la pelota en lugar de correr y chocar. Y cuando descubrió la grieta, las manos de Thiago Cardozo, exarquero Tatengue y por el que los Piratas negocian la opción de compra, ahogó un posible festejo, como en el remate de Ludueña, la última expresión ofensiva de los santafesinos.
Belgrano, a esa altura, esperaba agazapado. Y cuando soltó la garra, el Mudo Vázquez enseño toda su jerarquía para habilitar a Hernandes, que selló la victoria y desató la fiesta celeste en Córdoba.





