Un impecable retrato de Richard Sorge, “el James Bond de Stalin”

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De ascendencia alemana pero nacido en Tokio en 1895, Sorge era un intelectual visionario que, a principios de la década del ’30, entendió mucho antes que todos que por más totalitaria que pudiera ser la Unión Soviética de Stalin finalmente seria el único remedio para combatir al ascendente Adolf Hitler. Por eso aprovechó su prestigio, tanto en Japón como en Alemania, para luego de un viaje secreto a Rusia, armar la primer red de espías soviéticos en Japón a partir de 1933. Sorge no solo reclutó para su causa antinazi a algunos de los máximos intelectuales japoneses, sino que además intensificó su prestigio como para que el embajador de Hitler en Tokio le pidiera, como favor especial, que le haga de “ghostwriter” de los informes más complejos que le reclamaba el Führer, lo cual le abrió las puertas a los máximos secretos alemanes.

Con formidable material de archivo –incluyendo cosas aparentemente imposibles como los textos literales de los mensajes codificados que el espía mandaba desde Tokio a Berlín– y entrevistas a historiadores y politólogos rusos, alemanes y japoneses, el documental de Danielle Proskar, de 2017, recorre de manera rigurosa aunque más sintética de lo que merecía el personaje –algo inevitable, dado el formato de telefilm de 50 minutos de duración– una historia de espionaje con momentos culminantes como cuando Sorge alertó varios días antes la Operación Barbarroja, es decir la traición de Hitler a Stalin, informe que a pesar de sus minuciosos detalles (como que había 80 divisiones nazis acercándose a las fronteras desde Polonia a Rumania para llegar hasta Leningrado y Moscú), que el dictador comunista no tomó en serio porque aún confiaba en la palabra de Hitler. Stalin descartó el trabajo de Sorge como una “fantochada de la inteligencia británica para obligar a Rusia a enfrentar a Alemania”, quitándole así presión a la Batalla de Inglaterra.

La torpeza de Stalin casi le da el triunfo a Hitler, pero luego el líder soviético sí confió en los datos de Sorge y lo presionó para que averiguara un dato que volvió a equilibrar el curso de la guerra. Para la URSS era básico saber si Japón atacaría sus estepas siberianas para apoyar a Hitler con una invasión por el Este que habría aniquilado a Rusia. Sin saber eso, Stalin no podía liberar sus divisiones orientales, pero en un esfuerzo digno de algún personaje de Graham Greene, Sorge supo que Japón dedicaría todos sus esfuerzos al Pacifico contra Estados Unidos y que no aprobaba el ataque a traición de Hitler. Muchos consideran que este dato selló el triunfo de la Unión Soviética sobre el Reich.

Stalin le pagó tan mal a Sorge como al resto de sus colaboradores y al pueblo ruso en general: el dictador no se sentía seguro sabiendo que alguien conocía los detalles de la peor torpeza estratégica de la guerra, confiar que Hitler no abriría un frente oriental. Cuando finalmente los japoneses detuvieron, torturaron, condenaron a muerte y luego intentaron intercambia a Sorge por varios de sus propios espías, la URSS dijo desconocer todo nexo con él. Los rusos tuvieron que esperar la muerte de Stalin para conocer las hazañas de este héroe que lo arriesgó todo para derrotar al nazismo, y cuyo talento también inspiro una miniserie rusa de 12 episodios, realizada en 2019, que ha obtenido excelentes críticas tanto en Europa como en los Estados Unidos.

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