Ayer, viernes 9 de enero, se cumplieron 88 años de una de las tragedias aéreas más conmocionantes de la historia regional: el accidente del avión Lockheed de la Armada Argentina ocurrido en 1938 en la zona de Itacumbú, departamento de Artigas, República Oriental del Uruguay.
El hecho se produjo en el marco de un acontecimiento diplomático histórico. A comienzos de aquel año, los presidentes Agustín P. Justo (Argentina) y Getulio Vargas (Brasil) participaron en Paso de los Libres del acto que selló la finalización del puente internacional que une esa ciudad correntina con Uruguayana. Tras los festejos oficiales, la delegación argentina emprendió el regreso a Buenos Aires en una escuadrilla de aviones.
El presidente Justo retornó en el avión “Electra”, de la Armada Nacional, mientras que otra de las aeronaves —un Lockheed pilotado por el teniente coronel José F. Bergamini— despegó junto al resto de la formación. Minutos después, una violenta tormenta se desató en la región, provocando la dispersión de la escuadrilla y dejando a cada avión librado a la pericia de sus tripulaciones.
Horas más tarde, las aeronaves lograron arribar a la base de El Palomar, pero del avión conducido por Bergamini no se tenían noticias. La incertidumbre se extendió durante la noche, entre versiones confusas y comunicaciones fragmentarias, hasta que en la mañana del 10 de enero se confirmó el trágico desenlace.
El avión se había estrellado e incendiado en una zona rural de Itacumbú. Sus nueve ocupantes fallecieron carbonizados. Entre las víctimas se encontraban altos oficiales del Ejército y la Armada, además de Eduardo Justo, hijo del presidente de la Nación.
Las víctimas fueron:
Coronel Abraham Schweizer
Teniente coronel Antonio Berardo
Teniente coronel Firmo H. Pocadas
Teniente coronel José F. Bergamini
Mayor Víctor V. Vergami
Teniente de navío Juan Creschnick
Sargento primero Víctor Ángel Loveratto
Sargento telegrafista León Rosas Castillo
Eduardo Justo
El impacto del desastre fue profundo y trascendió fronteras. La tragedia de Itacumbú unió en el dolor a los pueblos argentino, uruguayo y brasileño, y dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de la región.
Hoy, un monumento erigido en el lugar del accidente recuerda a las víctimas y simboliza el espíritu de fraternidad entre los pueblos del Plata.









