Leonardo, propietario de un edificio ubicado en Manuela Pedraza 1875, expresa su frustración tras más de dos décadas de usurpación del inmueble. «Me siento un tonto«, confiesa, refiriéndose al tiempo que ha pasado desde que perdió el acceso a su propiedad. La semana pasada, el Gobierno de la Ciudad llevó a cabo un operativo que resultó en el desalojo de los ocupantes y la recuperación de los ocho pisos y 32 departamentos del edificio.
El edificio, situado a una cuadra de la estación Núñez del tren Mitre, había sido adquirido por Leonardo cuando la construcción estaba casi finalizada. Sin embargo, un día se encontró imposibilitado de ingresar, pues los usurpadores afirmaban contar con un contrato que no tenía validez legal. A pesar de que la justicia finalmente falló a su favor, el proceso se extendió durante años, lo que llevó a un prolongado estado de angustia para el propietario.
«¿Cómo voy a negociar con quien me extorsiona?«, se pregunta Leonardo, quien ha rechazado las propuestas de los ocupantes para llegar a un acuerdo. A pesar de que se ha restituido el control sobre su propiedad, el jubilado teme por su seguridad y prefiere mantener su apellido y rostro en el anonimato.
En el operativo de desalojo participaron efectivos de la Policía de la Ciudad, así como personal de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) y de Emergencias, quienes se encargaron de censar a los ocupantes y ofrecerles alternativas de vivienda. Muchos de los más de 100 ocupantes eran extranjeros que, según informes recientes, vivían en condiciones precarias.
Los problemas que trajo la usurpación no solo afectaron al propietario, sino también a la comunidad. El Jefe de Gobierno, Jorge Macri, ha señalado que este tipo de situaciones generan un ambiente de inseguridad en el barrio. Durante su gestión, se han desocupado más de 940 propiedades tomadas, recuperando un valor equivalente a US$500 millones para sus propietarios.
Tras el desalojo, Leonardo visitó su antiguo hogar y se sintió abrumado por la situación. «Entré al hall, subí un piso y me generó tanta angustia que me fui«, relata. El estado del edificio era desolador, con escombros y basura por doquier. En abril, se había constatado que el lugar era inhabitable, con reportes de un incendio intencional que, afortunadamente, no dejó víctimas.
La recuperación del inmueble ha traído un alivio a los vecinos de la zona, quienes habían estado preocupados por la situación en el edificio. La percepción de inseguridad ha disminuido desde el desalojo, aunque Leonardo sigue resentido por lo que ha perdido. «Compré un edificio casi terminado y me devuelven uno destruido«, afirma, mientras considera la posibilidad de vender la propiedad, que adquirió originalmente por US$700.000.
Fuente: La Nación



