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23 mayo 2024, 5:46 pm

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OTILIA BUENAVENTURA. Entre el pasado y el futuro incierto.

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«El arte no olvida, tampoco perdona: crea la mañana.»
Vicente Zito Lema

Hay un libro a mi derecha: Molino Rojo, de Jacobo Fijman.
Hay una anotación escrita en lápiz negro en la hoja de cortesía: «El arte debe volver a ser un acto de sinceridad». El canto de un ave atraviesa la espesura de la palabra impunemente.
La mesa está desordenada, hay papeles dispersos y algún que otro texto sin terminar.
Son las 13:17 de un martes caluroso de Junio, con el viento norte soplando. El Audition está listo…
Antes ya lo había llamado.
-Bancame que preparo mate, en cinco llamame de nuevo-, responde alguien del otro lado.
Sabía que la charla con Luigi Serradori no sería breve. La excusa: dialogar con el padre de la criatura.

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De un total de 109 proyectos presentados en el 2022, siete fueron elegidos para esta convocatoria de carácter federal correspondiente al programa TNC produce en el país, entre ellas la bienaventurada Otilia.
Es menester destacar que es una coproducción del Teatro Nacional Cervantes y la Municipalidad de Monte Caseros.

Aquí su palabra.

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El proyecto visibiliza el espectáculo íntegramente en su lugar y con un espacio público como la Casa del Bicentenario. Lugar que ha sido modificado en cuanto a escenario. Hubo una expansión del mismo casi un metro hacia adelante. Se trabajó en lo que se conoce en el argot teatral como “caja negra a la italiana” para que las luces se destaquen. Se amplió la parrilla para las luces, se incorporaron barras para las contraluces y calles. La obra encaja muy bien en ese espacio con respecto a lo escenográfico, señaló Luigi.

-¿Qué me podes decir de Otilia?

-La escribo entre 2010 y 2011 en Corrientes capital y fíjate vos lo que son los tiempos, no? Esto de persistir, de hacer algo y no estar esperando el rédito inmediato. En 2015 la envío a un concurso del INT, donde obtiene el primer lugar por región NEA.
Otilia Buenaventura es un cuerpo, cuando escribí lo pensé así. Un cuerpo que puede ser singular y también social.
Trato de sintetizar en Otilia, en su cuerpo-psiquis, lo poético, filosófico y político.
Es una obra que plantea una reflexión sobre el teatro en sí e interpela al espectador, el lugar que toma cuando decide ir a ver una obra de teatro. Otilia es una mujer que fue secuestrada, torturada y que sobrevive a la dictadura.
Traza también un poco la historia de violencia política argentina y la manera en la que esta subsiste. La violencia no caduca, se renueva siempre bajo el espíritu de la época. Si en la última dictadura la violencia se traducía de una manera explícita y estaba uniformada y reconocida; en la pos dictadura uno puede pensar que esa misma violencia se fue resignificando, reinventando desde otras vías. La violencia económica es una de ellas, sin duda.

-¿Cómo persiste el teatro ante esa violencia que parece no tener fin?

-Desde la misma palabra. Persistir, sostenerse en el tiempo, sostener convicciones. Uno más que un oficio, transita una pasión haciendo teatro y esas pasiones no son fáciles de voltear y menos de romper. Insisto, no se trata de una persona; es pensar lo grupal, lo colectivo y Raíces es un ejemplo de ello.
Han pasado generaciones y sigue sosteniéndose, porque entiende y respeta lo singular dentro de lo colectivo.

-¿Te generó cierta incomodidad sentarte a escribir esta obra? ¿Te llevó a explorar algún aspecto desconocido?

-En absoluto. Tiene que ver con mi historia y la de Raíces.
Acordate que nosotros hicimos obras como “Gurka”, “La pasión del piquetero” de Vicente Zito Lema, mi maestro. En ese tiempo, yo estaba como actor y vivía a esa palabra. Desde ahí entiendo que había algo, una potencia, una fuerza y me lanzo a escribir desde ese lugar.
Otras obras de mi autoría como “Las hijas idiotas” y “Los padres” son textos políticos que están en la línea de Otilia Buenaventura. Hay como una poética que se imprime a la hora de escribir y que generalmente pivotea siempre por esos mismos lugares: Lo político, poético y filosófico. Otilia no es ajena a ello.

-¿Siempre está presente el compromiso con lo político, lo ideológico?

-Lo político en el sentido de pensar la realidad críticamente. Desde ahí entiendo lo político, no lo panfletario y partidario.

-Hablabas antes del poder de la palabra y sobre Vicente. Recuerdo una obra, La pasión del piquetero. Hace unos días se conmemoró un aniversario más del asesinato de Kosteki y Santillán. De ahí la importancia del teatro en cuanto a la memoria.

-Tal cual. Ayer, cuando recordaba la conmemoración de los asesinatos de Kosteki y Santillán, pensaba en el año 2005 cuando estábamos haciendo esa obra. En ese mismo año hicimos una función en el Teatro Vera y después un arzobispo calificó a la obra como un engendro cultural y había pedido a los feligreses que tomen medidas contra ese engendro. Algo bastante violento. En ese entonces ya le estábamos poniendo el cuerpo a lo político, a la memoria, que es un poco la trayectoria del grupo de teatro raíces que se graba con una mirada acerca del teatro y de la vida de una de sus fundadoras, que es mi madre, Susana Bernardi.

-Walsh hablaba de dar testimonios en tiempos difíciles. ¿El teatro también los da?

-Pienso en el poema de Vicente, Épocas, donde plantea algo que tiene que ver con eso. El teatro es un lugar de resistencia, cada vez lo veo con más fuerzas en estas épocas de alienación política profunda. De pantallas, virtualidades y todo eso. El solo hecho de que exista un espacio en donde diferentes voluntades deciden ir, juntarse a recepcionar un hecho artístico y experimentar lo que se llama “el goce estético” para mí es un montón.

-¿Una suerte de trinchera?

-Comparto. Es una de las pocas trincheras donde la condición humana se vuelve a constituir. El último bastión para que la condición humana sea respetada en su totalidad.

-¿Quién te llevó a conocer el mundo de la escritura, de la palabra?

-Sin lugar a dudas el teatro y la palabra mi madre. Me crié en un teatro, en ensayos, durmiendo entre sillas.
Uno podría dejar de habitar ese universo en cualquier momento. Uno nunca sabe. Vamos cambiando. Con la escritura ocurre lo mismo. No hay garantía de una obra a escribir. Cada obra pide su método. Uno no se recibe de dramaturgo y cuelga un título para decir: Listo, yo soy un dramaturgo. Ese mundo te puede dejar de habitar en cualquier momento, depende de uno nutrirse internamente.
Mi madre es la que me acerca al mundo del teatro y a la palabra como docente de Literatura, además de directora de teatro y su recorrido en la actuación. Trajo de Cuba en su momento un método de actuación que lo aprende de su maestro, Binoche, y eso a Raices y a su poética de una singularidad muy interesante y, en base a ello, yo también sigo construyendo.

Súbitamente la llamada se corta.
Me envía un audio agradeciendo el gesto.

(A modo de cierre)
Ahora que recuerdo bien fue en el rodaje de la miniserie “Pueblo que fue” que me habló de Otilia. Estábamos los dos sentados en alguna parte de Guaripola cuando me recitó un fragmento de esa mujer.
Escuché en silencio la declamación. Al terminar encendió un cigarro y continuamos hablando pero de otro tema.
Quedó inconclusa el acto al igual que la llamada.

Ficha Técnica*

OTILIA BUENAVENTURA de Luigi Serradori
Actor y actriz: Sebastián Cardozo, Paloma Serradori Schwaderer
Producción: Tamara Schwaderer
Asistencia de dirección: Waly Zambon
Diseño y realización de vestuario: Laura Piñon
Diseño y realización escenográfica: Daniel Acosta
Diseño de iluminación: Carlos Sanchez
Diseño de maquillaje: Valentina Centurión
Música original: Valentín Dealbera

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