BUENOS AIRES.– La figura de Luca Prodan vuelve a ocupar el centro de la escena cultural porteña, esta vez desde el espacio público. La escultura en su homenaje ya fue finalizada y atraviesa la instancia institucional previa a su emplazamiento definitivo en una plazoleta que llevará su nombre en la Ciudad de Buenos Aires.
El proyecto se desarrolla junto al Gobierno de la Ciudad, a través de la Comuna 14, y actualmente se encuentra gestionando los permisos correspondientes para su consideración patrimonial. Mientras tanto, la obra ya genera expectativa y conversación en el ámbito artístico y entre seguidores del mítico líder de Sumo.
Una obra pensada desde la energía
La escultura fue creada por la artista Sol Satori, reconocida por sus intervenciones de gran escala en espacios urbanos. Realizada íntegramente en metal, la pieza propone un equilibrio entre potencia estructural y sensibilidad expresiva.
En el desarrollo técnico participó el escultor Mauro De Giuseppe, con un aporte clave en el trabajo artesanal y estructural sobre metal y volumen.
Lejos de una representación clásica o solemne, la propuesta busca capturar un rasgo esencial de Luca Prodan: su intensidad. La tensión escénica. La energía que marcó a una generación.
“Me interesa transformar un material duro en algo que transmita emoción, que el metal pueda vibrar”, explicó Satori sobre el proceso creativo. El desafío fue lograr una figura reconocible sin resignar identidad artística, manteniendo un lenguaje propio en la construcción del rostro y el gesto.
Un ícono del rock argentino
Nacido en Roma en 1953 y radicado en la Argentina a comienzos de los años 80, Prodan irrumpió en la escena local en plena posdictadura, renovando el panorama del rock nacional con una propuesta estética y sonora disruptiva. Su voz, su presencia escénica y su mirada artística dejaron una huella indeleble en la cultura argentina.
La futura instalación de la escultura no solo busca rendir homenaje, sino también consolidar su legado en el entramado urbano de la ciudad, generando un nuevo punto de encuentro entre memoria, arte y espacio público.
El proyecto cuenta con el acompañamiento de las empresas Famiq y Lüsqtoff, la gestión general de Leo Kite y el trabajo conjunto con la plataforma We Represent Art.
Más que un monumento, la obra propone sostener una presencia viva. Una figura que no se congela en el pasado, sino que continúa interpelando al presente, invitando a nuevas generaciones a redescubrir su voz y su legado.








