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15 mayo 2026, 10:45 am

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Lorna Cepeda: la vida tras el éxito de Yo soy Betty, la fea, cómo fue dejar su país por amor y el motivo que la trae a la Argentina

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Pasaron 25 años, pero Patricia Fernández -o la “Peliteñida”– de Yo soy Betty, la fea, sigue presente en el público y también en su intérprete, Lorna Cepeda, que supo ponerle comicidad a este personaje que tan difícil le hacía los días en Ecomoda a la sufrida protagonista. La actriz colombiana regresa a la Argentina junto con Natalia Ramírez (Marcela Valencia en la recordada ficción) para hacer Muertas de Risa, la obra con la que se presentó el año pasado y lo hará el próximo 20 en el teatro Broadway.

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En diálogo con LA NACION desde Cabo San Lucas, México, donde vive con quien es su marido desde hace tres años, Cepeda cuenta cómo fue la decisión de dejar Colombia y el apoyo crucial que recibió por parte de sus hijos. También confiesa su miedo a los aviones, se muestra expectante ante su regreso a Buenos Aires -donde supo hacer novelas como Provócame con Chayanne y Araceli González, o Doctor Amor, con Arturo Puig- y recuerda cómo fue, en 2024, volver a ponerse en la piel de “la Peliteñida” para la serie Betty, la fea: la historia continúa.

Lorna Cepeda junto a Natalia Ramírez, su compañera de Betty, la fea

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—Estás viniendo a la Argentina para hacer Muertas de risa, junto a Natalia Ramírez. Ya estuvieron en Estados Unidos, Colombia, Venezuela, Perú, Chile…

—¡Me fascina volar!

—El “me fascina volar” suena irónico…

—No me gusta, hice terapias y creés que cuanto más volás es mejor y no. El sueño, el cansancio… Pero no me voy a quejar. Amo mi trabajo, es divino y lo que más me gusta es el contacto con la gente. Amo estar arriba del escenario, y cuando el público se ríe es chévere y te sentís muy feliz.

—¿De qué se trata Muertas de Risa?

—Son dos mujeres que van a la morgue y se encuentran con su ser amado y se dan cuenta de que es el mismo; tenía dos oficiales: su esposa y su compañera. Imaginate llegar allá y encontrarte con el degenerado al que que no podés ni reclamar.

—¿Cómo definirías a tu personaje?

—Carmen Chivata está lejos de mí, es una ama de casa abnegada, muy sumisa con su esposo y sus hijos, económicamente dependiente… Para ella todo gira alrededor de su marido, es un poco miedosa. Se llena de rabia y dolor, y en medio de eso tiene que ver cómo hace para subsistir sin él.

—¿Cómo fue la presentación de Muertas de risa el año pasado en Buenos Aires?

—En la Argentina nos fue divino. Los recuerdo como el mejor público, trabajé muchas veces allá y tengo buenos recuerdos. Desde 1994 que voy, y en las redes también noto mucha gente de allá.

—En este nuevo viaje, ¿qué vas a hacer?

—Mi marido no ha ido a la Argentina así que planeamos quedarnos unos días porque es la última fecha, así que aprovecharemos y vamos a caminar, a comer alfajores, carne, facturas, empanadas. Tengo varias personas que están ahí… Ana María Orozco, que está entre Buenos Aires y Colombia, gente con la que trabajé, así que serán unas minivacaciones.

Muertas de risa se presenta en el teatro Broadway el próximo 20 de mayo

—¿Cuánto hace que estás en pareja? ¿Por él te fuiste a vivir a México?

—Estamos juntos hace seis años y casados hace tres. Él es colombiano, pero estaba viviendo acá (México) cuando nos conocimos y me vine. Gracias a Dios puedo trabajar desde cualquier parte.

—¿Tus hijos te apoyaron en esta decisión de ir a otro país?

—Ellos fueron los que me dijeron que lo hiciera. Mis hijos menores ya viven con sus novias y mi hija está casada y con hijos. Yo vivía sola en Bogotá e iba y venía constantemente. La vida es así, los hijos se corren y hacen su vida. Me dicen que me extrañan, pero saben que estoy contenta. Por supuesto yo también los extraño muchísimo. Mi hijo Mariano me dijo “salí” y por ese consejito, aquí estamos.

—¿Y los nietos?

—Tengo uno de cinco y otro de tres y los extraño, me da duro, pero me los disfruto mucho cada vez que voy a Bogotá. Estuve casi seis meses grabando la temporada tres de Betty… e iba a lo de mi hija, le quitan el teléfono a la mamá y hablamos, me dan mucha felicidad. Cuando sos madre tenés una cantidad de responsabilidades y aprendes con ellos y con los bebés (sus nietos) me asombro un montón, tienen otro chip, aprenden rápido si los comparo a cómo eran mis hijos a esa edad es todo distinto. Y yo fui mamá moderna, siempre hablé con la verdad, cometí errores pero siempre quise que tuvieran confianza y no mentirles, cuando me preguntaban cosas contestaba sin adorno.

—¿Cómo convivían la maternidad y la exposición mediática que trae consigo el éxito?

—Me tocaba explicarles, que vieran la novela y entendieran que su mamá salía ahí. Recuerdo que fuimos a Disney y se llenó tanto de gente que nos sacaron, el más chico se molestó. Fue un caos y ellos no podían hacer las cosas típicas aunque siempre busqué la manera de que la pasaran bien.

—¿Cómo fue la vuelta de Betty, la fea, 23 años después?

—Fue bien retador. Cuando me llamaron pensé que no era real, pero sí. Llamé a Anita (Orozco) y a Jorge Enrique Abello, porque sin ellos no hubiera sido lo mismo y me dijeron que estarían. Veintitrés años después pensaba cómo hacer para que Patricia tuviera su esencia, es una mujer que creció y todos cambiamos, pero ella no cambió en su mentalidad. Pero cuando los vi a todos montados como sus personajes ya me relajé. El autor Fernando Gaitán ya no estaba (falleció en 2019), y también cambiaba el lenguaje, pasamos a hacer una serie en vez de una novela.

—La gente tiene muy presente la novela, ¿no?

—Siempre está en el top diez y lo veo en la calle, el otro día me saludó una niña y me pidió una foto. Muy pocas veces pasa un fenómeno así y es un privilegio y una bendición

—¿Con el grupo siguieron hablando?

—Seguimos en contacto, tenemos un grupo de WhatsApp y con algunos nos vemos en otros proyectos. Nos vemos y es como si el tiempo no hubiera pasado, nos entendemos, somos como una familia e ir a grabar es ir a pasarla bien.

—Hace diez años contaste que tenías melanoma, ¿cómo estás ahora? ¿Tenés que controlarte todos los años?

—Estoy divinamente gracias a Dios, fue en 2016. Ahora me cuido, voy cada año a chequearme. Hoy hay otra consciencia con el sol, mis hijos por ejemplo no toman sol sin bloqueador, yo en cambio me la pasaba pegada y me encantaba. Hay que cuidarse, cuidar la salud mental y física: el estrés, los dolores, los resentimientos y furias son emociones que son necesarias en un momento, pero con las que no se puede vivir porque el cuerpo te lo cobra. Hay que gestionarlo.

—¿Qué cosas hacés para cuidar tu salud mental?

—Voy a terapia cada quince días, no puedo estar sin ese momento. Me ubica y ayuda, aunque el trabajo lo hace uno. Vivo en un lugar con árboles, playa, muy bonito de mirar, me siento en el pasto por horas. Veo cosas que me hacen reír, por eso me gusta hacer comedia, porque es una lucecita para el mundo. Se te despeja la cabeza de los problemas, ya que a veces uno se mete con unos dramas que no son tan dramas. Por eso es chévere que exista Betty y que la gente se pueda reír.

La Nación

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