Jean-Paul Enthoven: hacia una nueva carrera del libertino

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Jean-Paul Enthoven: Los libertinos también son moralistas. El erotismo no es una exploración de la pornografía, es una exploración de la naturaleza humana. A mí Sade me aburre, pero Laclos es importantísimo para mí.

P.: Blanche, la protagonista de su novela, pertenece a la estirpe de la marquesa de “Las relaciones peligrosas”

J-P. E.: Picasso dice que la luz de un cuadro viene de otro cuadro; no de la realidad, sino de otra pintura. Lo mismo pasa con los libros. Mi Blanche remite a la heroína apenas ficcional de “Blanche o el olvido” , acaso uno de los libros más famosos de Louis Aragon. El fantasma de ese gran poeta flota en torno de la historia que cuenta mi novela. Pero mí Blanche, a diferencia de la de Aragon, es extremadamente bella, inteligente, audaz, caprichosa, egoísta, libertina, y no se priva de devorar a su pareja, sea hombre o mujer.

P.: ¿Cómo en el caso de la novela de Aragon, la suya tiene algo de autobiográfico?

J-P. E: Yo soy sólo el editor que recibe y prologa el manuscrito de un diplomático que quiere preservar lo que le ocurrió veinte años atrás con una mujer completamente irresistible y sexualmente compleja. Tiene el privilegio o la desgracia, no lo sé, de participar de sus orgías que lo extravían en un torbellino. Es feliz e infeliz de su relación con Blanche, aunque no es una relación tradicional. Está orgulloso de tener un papel único. Se siente distinto de todos los que se acuestan con ella. Goza de modo distinto que sus amantes. Tiene la singularidad de asir su mano cuando ella tiene sexo con otro. Acepta lo inaceptable para no perder al ser amado. Es una pasión ardiente y una historia de amor imposible. Un escritor puede escribir para vivir las cosas que no vive. “Blanche” tiene que ver con mi imaginación, mis fantasías, mis fantasmas, no con mi historia personal. Sé que se busca encontrar en el libro referencias a mis parejas y a mi vida pero yo jamás me permitiría escribir un “roman à clef”. Prefiero escribir una novela que sea a la vez zarabanda luminosa y una danza macabra, una historia donde el amor y el desamor se trenzan.

P.: ¿El mundo digital desparramó el libertinaje por las redes?

J-P.E.: Ha habido etapas. Las películas porno cambiaron la sexualidad de los jóvenes. Lo que ven en los sitios porno quieren hacerlo cuando tienen catorce o quince años. Yo no hablo de lo masivo en mi novela, cuento de personajes únicos. Para la sociedad en general están hoy los lugares de citas sexuales, el sexo virtual, yo busco contar otra cosa, mis personajes son aristocráticos también en el erotismo, eligen el lujo sexual.

P.: ¿Eso lo permite el dinero y el ocio?

J-P.E.: Para ser completamente libre hay que ser rico. Es una tragedia, pero ese es el medio. Mi amiga Françoise Sagan decía que el dinero es un buen empleado pero mal patrón. “Blanche” no se podría pensar en un universo pobre, sería imposible. Proust necesitaba de las condesas y los príncipes para detallar un mundo sin necesidades. Proust me ha enseñado que la verdad de la naturaleza humana se encuentra en los meandros y subsuelos. No doy valor a la riqueza, pienso que es una maldición. La millonaria Blanche con sus orgías no está muy feliz. Es incapaz de relaciones que vayan más allá del momento. Está sola. Cuando se enamora de una joven, no lo hace por amor sino para reconocer su poder. No es amar, es dominar. La voluntad de poder toma la forma del amor. Creo que Blanche no conoce el amor.

P.: ¿Como escritor explora los sentimientos y como guionista elige los escenarios?

J-P.E.: Me interesa indagar sobre la complejidad humana, sí eso es filosofía o literatura no me importa. La historia me lleva por París, Capri, Sorrento, Positano, la Costa Amalfitana. El cine nos ha hecho ver las situaciones como en una pantalla. Hoy Balzac o Mauppasant estarían trabajando en un streaming.

P.: ¿Qué debate hoy la élite intelectual parisiense?

J-P.E.: Lo mismo que en muchas partes del mundo, las dos fuerzas que se oponen. Un campo que llamo de la razón y otro, populista, que odia la razón, ese es el drama. Lo vimos con la pandemia, con gente que se negaba a aplicarse las vacunas. Lo que pasa en Ucrania es importante porque Putin reúne a los que odian a la democracia, Trump lo mismo. Hoy la contradicción es entre populismo y racionalismo.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

J-P.E.: Se acaba de publicar “Lignes de vie”, un conjunto de meditaciones, retratos, ficciones, aforismos, observaciones que me han dado placer y surgieron de lecturas y del comercio entretenido con mis contemporáneos. Ahora estoy escribiendo sobre mi primera juventud en Argelia. Camus, también argelino, es el héroe de mi obra. Yo nací en lo que hoy es el problema. el enfrentamiento entre populismo y racionalismo, y ese otro polo que es el Islam. La desigualdad entre el hombre y la mujer es algo increíble. Es una máquina para controlar el placer de las mujeres.

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