El terror también halla su espacio en el teatro

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Franciso Ruiz Barlett: Siempre me interesó un teatro vinculado al ritual, me refiero a generar sensaciones antes que entendimiento. En esa búsqueda y siendo amante del género del terror como espectador, me encanta que me hagan sentir cosas. Es difícil que el terror deje exento de algún sentir. Con ´El juego´ fue interesante lo que pasó con el público, que manifestaba ese temor desde su butaca. Hubo un eco inmediato. La primera era una experiencia teatral inmersiva, en cambio en esta decidí embarcarme en la historia. Cuando escribí la primera me encariñé con la familia, los Conte, con sus raíces esotéricas que vienen de generaciones pasadas. Estaba centrada en una madre que por salvar a su único hijo decidió hacer un pacto demoniaco. Eso termina pesando sobre las generaciones siguientes. Aquella contaba un hecho en el 2022 en el que unos primos descubrían esas raíces y comenzaban a desaparecer de a uno.

P.: ¿Qué historia cuenta esta?

F.R.B.: La del abuelo de ellos, Antonio, quien se junta con amigos a jugar a la ouija para salvarse de un pacto que hizo una tatarabuela. Pero quise expandir el universo de esa familia, meterme un poco más con el enigmático abuelo y mostrar a ese hombre a los 18 años junto con los amigos. Quería explorar cómo trató cada generación esa carga espiritual. En la primera el espectador recibe sólo algunas pautas, en cambio aquí uno se sienta y ve la historia más cerca del teatro tradicional. Es un viaje inocente que termina en las zonas más oscuras del ser humano.

P.: ¿Cómo llegó al género de terror?

F.R.B.: No vi muchas obras de terror, de chico sentía cierta fascinación por estas temáticas, iba al tren fantasma y reconozco en el cine una influencia clara, aunque nunca termino de comprenderlo porque soy bastante miedoso. Las películas que me marcaron últimamente son “Mindsomar” y “The invitation”, que generan un suspenso retorcido. Uno está todo el tiempo con la sensación de no saber si lo que pasa lo construye uno o está ocurriendo de verdad. No es un terror explícito sino ese que incomoda.

P.: ¿Cómo fue el proceso con el equipo de jóvenes actores?

F.R.B.: Volví a ver la entrega de artistas que se embarcan en un proyecto independiente sin saber si tendrá rédito económico, típico del exceso de energía que uno pone cuando encara estas obras del off. Son artistas muy jóvenes con mucha vocación y ganas. Se juntan antes a pasar el texto y a seguir indagando; todos los lunes nos piden devoluciones.

P.: ¿Cómo ve la escena del teatro alternativo?

F.R.B.: Como uno de los dueños del Kairós, el independiente es mi hábitat. Tengo muchos pensamientos al respecto y hace tiempo quiero hacer una charla con artistas independientes para rever las particularidades del esquema de producción. El actor es el último orejón del tarro a la hora del rédito económico. Tengo mis críticas con respecto a lo que ocurre y veo que la mayoría termina haciendo teatro más por amor que por dinero y no creo que eso tenga sentido. Es algo que me desvela, que los actores ganen plata. En nuestras producciones me encargo de pensar cómo lograrlo y puedo decir que con mucho trabajo encontré la manera. Apunto a que el arte independiente sea una fuente de trabajo dada la relevancia cultural que tienen los espacios independientes.

P.: ¿Cómo es esa manera para que los actores ganen?

F.R.B.: Trabajo y fomento la valoración. Antes la entrada a una obra comercial valía cuatro veces más que la independiente y ahora no, eso fue una batalla que dimos. Si a una obra le va bien, alguien se está llevando la plata, me refiero a que si la plata ingresa y después el técnico de luces gana más que un actor, hay algo en la ecuación que está mal. Hay que entender que el actor es un socio más y que cuando elige ser parte de una cooperativa es socio de un movimiento artístico y las decisiones también hay que tomarlas, no es sólo responsabilidad del director. El actor debe ser activo en las decisiones de costos, no se puede elevar el prepuesto y el actor cobrar el mínimo con una obra agotada. Me di cuenta de que fui víctima de mi pasión y se han aprovechado. Haría teatro aunque no me pagaran, lo que no quiere decir que esté exento de lo que pasa con los números. Y como actor independiente son contadas las veces que un productor o director se acercó a contarme cuáles eran los gastos. Cuanto más al margen, más difícil es que no quedemos relegados.

P.: ¿Qué puede decir de los otros circuitos teatrales?

F.R.B.: Hace años me siento alejado porque el entretenimiento per se no me seduce, y más con la convicción de que el arte debe ser una espina que se meta en la cultura general. No dejo de pensar que mucha gente contribuye para que esa distancia entre el comercial y el off se achique. Lo que más critico es la falta de riesgo, volver a ver comedias yanquis de puertas es desalentador y no le hace justicia a lo que somos como artistas. Brindo por casos como “Petróleo” con artistas brutales como Piel de lava en una sala comercial llena. Quiero acortar esa brecha porque creo que nuestros materiales pueden tener ese mismo ímpetu comercial.

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